domingo, 22 de febrero de 2009

Locura

Siempre temí volverme loco. A la más leve señal de ligera obsesión o un tic, mi cuerpo reaccionaba, atento, expectante.. como si aquella locura no fuera una amenaza, sino una liberación. Cuando volvía a la vieja cabaña que me servía de vivienda, tras una jornada de intenso trabajo en el sembradío, vigilaba que nadie me siguiera por el viejo camino de la loma. Atento, al más mínimo ruido de una hoja al caer me alteraba. Sabía que me volvería loco el día que efectivamente viera a alguien detrás...
Pero el día en que el viejo carnicero me provocó, y lo hice caer a puñetadas, y su sangre impregnó mis manos, supe que nunca sería un loco. Un loco nunca ataca sin motivos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

ah mierrr...

creo k ambos pensamos ya muy parecido matias.

pero tu solucion a la locura, impactante. Aterradora, la verda.

No seas flojito ya.

Saludines.

Anónimo dijo...

La inexorable obsesión, primo.
La magnificencia te recorre desde el cerebro, pasa directo a tus manos, sin mediar en tu corazón. Macabro, primo. ¿Irá en la sang Echavarrie?.