Quien fuera declarado culpable avanzaba estoicamente por el patíbulo, y dirigía una mirada altiva a la chusma apostada a su alrededor, hambrienta de emociones.
Se levantó uno de los jueces, silenció el murmullo con un solo gesto y procedió a leer el acta de ejecución del reo, concentrando toda la atención. No se escuchaba otro sonido más que el de algunos cuervos que, premonitoriamente, revoloteaban a lo lejos.
El prisionero se acercó al verdugo, le sonrió y luego acomodó su cabeza en el sitio donde caería más tarde el hacha. La multitud permanecía expectante, los jueces hablaban entre sí, con el aire de quien repite una rutina aburrida.
Todo ocurrió demasiado rápido. Un movimiento imperceptible del pie del acusado. La caída del verdugo. La incorporación del reo. El hacha rasgando el aire e incrustándose en el pecho del juez a cargo. La multitud pasmada. Los guardias auxiliando al juez.
La caminata tranquila del reo entre la muchedumbre aterrorizada que retrocedía ante él.
Y él siempre sonriendo.
3 comentarios:
uuuyyyy
k miedo
creas atmosferas matias
debieras cribir mas a menudo po
saluditos
XD
oie matias, tuve k ponerle privacidad temporal a mi blog, trate de invitarte pero no pude pork no encontre niun correo tuyo.
si tratas de entrar te pedira tu contraseña blogger, no se si eso resulte, avisame porfis... escribi algo nuevo, si puedes mira ya
saludotes
ehm no.. efectivamente no me deja ingresar... mi correo es matias.echavarria@gmail.com
todo un quebradero de cabeza!
saludos!
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